Anexos

Anexo 1 

Antes de tomar la materia de PP1 sabía muy poco o nada de las prácticas en la carrera, solamente había escuchado comentarios muy vagos por parte de compañeros de semestres más avanzados. En este momento, luego de tener contacto con los textos y con los vídeos que la profesora nos ha facilitado, he aprendido características del proceso de prácticas, como los momentos en los que esta está dividida, los métodos y factores de observación, los métodos de recolección y de investigación, y no solamente estas características formales, sino también el alcance social que las prácticas en la carrera pretenden alcanzar con la enseñanza de la filosofía; como la carrera ha ido tomando el camino hacia una educación más inclusiva, escuchando y entendiendo a personas y poblaciones con talentos excepcionales y también dándoles la oportunidad de entrar al mundo de la filosofía, mostrándole que ellos también pueden filosofar.

Ahora bien, personalmente opino que las prácticas son el momento de la carrera en donde nosotros, los estudiantes, vamos a poner en uso nuestros aprendizajes teóricos y a verificar la verdad de estos, además de que será un momento en el que tendremos que enfrentarnos a muchos retos, dada la contingencia de las particularidades, por lo que adquiriremos mucha experiencia, nuevos aprendizajes y  habilidades.
De modo personal espero muchos retos que me harán crecer no solo como persona, sino como educador, vencer muchos miedos y dificultades que se me han ido presentando a lo largo de la carrera. Además de que quiero tomar las prácticas como una oportunidad para hallar nuevos horizontes de significancia y para mejorar, esto es trabajar en mis dificultades para comunicar a los demás y para ser con otros.

Anexo 2 

Indagando en los documentos del ministerio de educación descubrí que debo anticiparme a la posibilidad de enseñar otras áreas relacionadas a las humanidades, con esto me quiero referir a la ética, religión y a las ciencias sociales. Teniendo esto en cuenta, quisiera preguntarme cómo se enseña, en primer lugar, ¿cómo se enseña la ética? Y de modo más específico preguntarme por los elementos o condiciones que determinan la enseñanza de la ética en un contexto tal como el Colombiano. 

En estos textos descubrí elementos importantes para la práctica docente, como que el docente tiene cierta autonomía respecto a la construcción del currículo atendiendo a las necesidades del contexto (contextualización) y las necesidades de la población a la cual enseñará (caracterización). Ahora bien, una pregunta que surge a partir de esto, ¿hasta qué punto el docente tiene autonomía en la construcción del currículo si también hay determinaciones provenientes de la institución educativa y de las políticas educativas? Si bien en la página 21 del texto "¿CÓMO ENSEÑAN LOS MAESTROS COLOMBIANOS EN EL ÁREA DE ÉTICA Y VALORES?" se afirma que esta autonomía tiene la potencialidad de ser, incluso, contra hegemónica. 

Descubrí que los docentes dedicados al área de la ética son considerados como actores fundamentales para el cuidado de las relaciones sociales democráticas y justas, dado que la educación busca fomentar procesos de aprendizaje necesarios para la convivencia en una sociedad democrática, esto es fomentar una cultura de los derechos humanos, a la luz de actitudes, valores y conocimientos que fortalezcan el respeto y la defensa de los DDHH y las libertades fundamentales, también propicia comportamientos orientados a la resolución constructiva y no violenta de los conflictos. Lo que supone trabajar en procesos cognitivos, comunicativos, de reconocimiento de sentimientos, resolución de conflictos y de autonomía y regulación. 

Algo que me causa mucha curiosidad de lo anterior es respecto a los procesos de reconocimiento de sentimientos, en este caso, de los sentimientos morales, y es que me pregunto, ¿cómo se promueve un sentimiento cómo la empatía en el aula, cómo promover el cuidado del otro? Ademas de que responder a esta pregunta me es un reto, dado mi desconocimiento en tanto a la educación de los sentimientos, este asunto de los sentimientos morales me causa gran interés y curiosidad, situándolo en tiempos de pandemia, en la que, la única manera que tenemos para enfrentar al virus es cuidarnos y cuidar de los demás, hay muchos casos de personas que salen a fiestas, a visitar familiares, a las plazas, a las calles sin tomar las medidas de cuidado e incluso, sabiendo que se está infectado. Teniendo en cuenta esto no puedo evitar preguntarme cómo promover la empatía en estos tiempos, ¿a caso saber lo potencialmente doloroso y mortal que es el Covid-19 no es suficiente para preocuparse por cuidar del otro?

Anexo 3

La práctica docente es aquello donde uno se da cuenta que enseñar es un preguntarse de manera constante ¿Qué puedo enseñar? ¿Por qué? ¿Cómo debo hacerlo? Así que detrás de cada clase se encuentra el grueso del trabajo de un profesor. Para responder a estas preguntas no debemos actuar como quien pretende saberlo todo, pues de los estudiantes también podemos aprender, y es que para llevar nuestros conocimientos hacia ellos, debemos conocer cómo piensan, sus intereses y el entorno en el que viven, no es pertinente enseñar a un niño como se enseña en la universidad, seguro que les causaríamos el mayor de los aburrimientos y mataríamos su interés por el saber, todo lo contrario a lo que se debe lograr con una clase de filosofía.

Lipman y muchos profesores e investigadores del área de filosofía nos dejan ver que enseñar filosofía a los niños y a los adolescentes es posible, solo que el mayor de los retos es pensarse el cómo hacerlo. Hay propuestas muy interesantes y que demuestran que los niños son capaces de plantear preguntas muy profundas y de plantear ciertas teorías acerca de su entorno; ¿Qué es la nada? ¿Qué es el todo? Se preguntaban unos niños en su clase de filosofía.

La mayoría de apuestas de la enseñanza de la filosofía concuerdan en que esta debe darse por medio de diálogos y discusiones, en las que no sólo se planteen ciertos contenidos, sino que se desarrollen habilidades necesarias para filosofar, es en la discusión donde aprendemos a reconocer ideas, a preguntar y a argumentar. Además de que el ejercicio de las discusiones suponen el aprendizaje de habilidades que son necesarias para vivir en democracia, con esto me refiero a entender que existen pensamientos y modos de acción muy diferentes, y que la contrariedad no justifica la violencia, es en el diálogo donde encontramos la verdad, porque nos retroalimentamos y corregimos nuestros pensamientos cuando hablamos con otro. Así que la filosofía como diálogo no es solamente una manera de aprender a filosofar, sino de vivir en comunidad, lo que implica vivir con la diferencia.

Anexo 4

A lo largo de la carrera parece que nos centramos en la filosofía y dejamos de lado la reflexión acerca de la enseñanza. Empero, que la filosofía tienda a la abstracción no implica que no tenga utilidad alguna en la vida. La filosofía tiene esa gran ventaja de constituir de sentido la realidad que habitamos a diario, y por ello permite que podamos, por lo menos, intentar entenderla, lo que supone que nos confrontemos a nosotros mismos y confrontemos lo que ya está dado y el modo en que lo hace;
 Mediante los paros universitarios que han surgido en mi tiempo como estudiante de la Upn se erigían pancartas que contenían mensajes a modo de peticiones -Queremos educación gratuita y de calidad-, respecto a esto me preguntaba y me pregunte, ¿por qué? Mis compañeros me respondían, -porque es un derecho, compita- ¿Y por qué es un derecho? En ese momento me sumí en un estado de duda y de crisis, porque esto me reveló una gran verdad, "sé muy poco o nada", comprendí que utilizamos palabras, conceptos, asimilamos prácticas, hábitos, sin saber un por qué o por lo menos sin saber qué significa aquello sobre lo que se fundamenta nuestras sociedades, nuestras vidas. Luego de esto, leí a Rousseau y a otros modernos que hablaban acerca del derecho para tratar de entender la relación entre la educación y el derecho inalienable que mis compañeros afirmaban que existía.

Ahora mirando en retrospectiva ese hecho que me marcó bastante, me doy cuenta que la filosofía no solo sirve para llenar libros, hablar en términos rimbombantes que nadie entiende y hacer seminarios de discusiones infinitas y aporéticas, que la filosofía tiene un lugar más allá de la academia, y que en cambio, se está aprisionando en esta. Si no hubiese sido por la filosofía, por ese preguntar constante que aprendemos allí, yo hubiese asumido ese mensaje como verdadero sin saber el por qué, sin conocer la historia que hay detrás de aquella relación de términos. 

Así las cosas, tengo la creencia de que uno de los fines de la enseñanza de la filosofía es sumir de duda a los estudiantes y demostrarles que no está mal preguntarse, formar personas críticas que ven las cosas a partir de diferentes perspectivas y que buscan soluciones diferentes a los problemas, porque, incluso, las elecciones más cotidianas son objeto de debate. Lo cual es estrictamente necesario en nuestro tiempo, puesto que estamos en una época en la que tenemos acceso a miles de fuentes de información que nos proveen datos, pero ¿cómo saber cuál es verdadera? ¿Cómo saber que un argumento es valido? 

Luego de todo esto, ¿Qué proyecciones tengo para mis prácticas? 
Tengo la expectativa de conocer a los chicos con los que pueda compartir estos espacios y motivarlos a la filosofía, atendiendo a sus contextos y sus intereses, mediante diálogos y actividades. Además, me gusta mucho la idea de hacer la clase a modo de diálogos y discusiones en grupo, porque me gustaría promover el trabajo en equipo, el reconocimiento de los otros y la empatía; intentar cambiar el chip de la competencia, demostrando quizá, que podemos resolver mejor nuestros problemas juntos al escuchar distintas ideas y perspectivas, que necesitar y buscar apoyo de otro no implica debilidad.














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